La calle de los deseos, suspiraba frio por las madrugadas. En una mágica glorieta en llamas, arde con
hermosura el arcoíris. Después de aquel suspiro, cae una lluvia de mandrágoras.
No podía distinguir entre mi llanto y la lluvia, ¿acaso el iris de
la nostalgia reflejaba aquellos colores? Prisma
anhelado de corazones; amados que llaman una y otra vez a la puerta y
sin embargo, ésta sigue fuertemente cerrada.
Olvide tantos recuerdos a petición de tus ojos, como gusanos
carcomen mis entrañas, los afilados
secretos van rompiendo lentamente la poderosa piel del leopardo.
Siluetas rotas de cosmogonía, espectros mitómanos en el limbo, decidí
caer en el caldero de la quimera, me ahogué toda la noche en sus
pensamientos, y al enterarme de tu suerte moribunda, mi sangre se convertía, poco a poco en vapor.
Después de un dolor
placentero, partimos en el mismo submarino hacia la nada, que tenía todo
lo que deseábamos. Con tu cabello de ébano
negro, giraban las luces, iluminando la
aurora de medianoche
En la profundidad de los mares, desciende la temperatura. Tus manos exploran mis sonámbulos dedos, se tocan las mentes en un vaivén de medusas,
llega de nuevo el cálido destello cuando bailan desnudas en un ocaso de almas.
Rotaciones intrépidas, me causaron alguno que otro desmayo, pero recupere la energía de tus largos
abrazos, donde las espirales cedían la palabra al oasis de máximos difráctales.
Etéreo el firmamento, nos envía telegramas, la distancia corrompe
los sueños más divinos, donde el paraíso nos llama a través de las nubes.
Despido mi desvelo, al ritmo de los amantes, entre la geometría
perfecta se disuelven todas aquellas promesas, donde la comunión de los
vértices, devora la danza de los mándalas.
Nigromantes flores perfumadas aparecen desde las sombras, este amor por la vida pinta una excelsa apoteosis. Descubre al humano de luces,
en un mitológico orgasmo.
S. 9.D.2011